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Una familia ligada a la Faba Asturiana

La familia  Fernández Pérez lleva más de medio siglo cultivando de manera tradicional y seleccionando de forma artesanal  la auténtica faba asturiana manteca inscrita en la Denominación de Origen Faba de Asturias. Originaria de Lanio, una aldea del Concejo de Salas, nuestro anfitrion comenzó hace más de cinco décadas a cultivarla en nuestras fincas de Villavaler (Pravia) donde fuimos pioneros en el cultivo de la mundialmente conocida «Faba de Pravia».

La Caxina:
La historia de una familia ligada a las fabas

Mi nombre es Javier Fernández, actual anfitrión en Fabas La Caxina y os voy a narrar un poco nuestra historia… En el año 1967 Aquilino y Carmen se casan en el pueblo de Villavaler, en el Concejo de Pravia y en la misma casa que en antaño fue la antigua Diputación de Asturias, reinando Silo,  nacimos mi hermano Aquilino y yo, Javier.  Por aquel entonces ya se escuchaba que robaban a los niños en los hospitales para entregárselos a los ricos que no podían tenerlos y mi madre se procuro una buena comadrona para tenernos en casa.
Se trata de un valle alto donde las tierras son privilegiadas para el cultivo de la faba, por aquel entonces nadie sembraba, y mi padre muy afanoso (todavía hoy en día sigue sembrando) se le ocurre sembrar las primeras fabas de la granja, traídas de Láneo (Salas).
Los oriundos del pueblo le decían que no se iban a dar, caso omiso hizo de aquello.
Nací entre las fabas, con 6 años ayudaba a mi madre a sallar las tierras que por aquel entonces se cultivan entre el maíz, cosechábamos unos 400 kgs entre todas las tierras. Todas se vendían en la plaza de Pravia en el mercado de los jueves.

Cuando tenía 13 años, estaba segando con mi padre, y una finca al lado un vecino, apoyado en la garabata les dije a los dos; “dan más las fabas solas que todo el ganado de Villavaler junto”, se rieron de mi e incluso mi padre se apresuro a decirme que siguiese con lo que estaba haciendo.
La niñez y la adolescencia en el campo es muy difícil, y sobre todo con un padre que lo único que ha hecho en su vida es trabajar y ser esclavo del trabajo hasta la muerte. No comprenden otra vida nada mas que aquella que se valora por lo que tienes y no por lo que eres.
Era una vida vacía, sin alicientes para mí. Lo único que me llenaba era ir a las fiestas del verano después de haber trabajado como un esclavo todo el día, porque el ganado jamás me gustó, ni me gusta. Pero el mayor aliciente para mi era la cosecha de fabas, esa labor para mi no era un trabajo, sino una satisfacción, y sobre todo la recolección que siempre la hacía con mi madre.
Hasta el día de hoy todo lo que ha acontecido en mi vida, ya es historia.

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